Formación
De la escuela de Barcelona a la cocina de Ferran Adrià
En resumen
En 1985 José Andrés llega a Barcelona para estudiar hostelería. Entre 1985 y 1988 hace prácticas en grandes casas, entre ellas elBulli, donde se convierte en discípulo de Ferran Adrià.
En 1985, un adolescente asturiano llegó a Barcelona con una idea fija: ser cocinero. José Andrés se matriculó en la Escuela de Restauración y Hostelería[1].
Barcelona era entonces una ciudad que miraba hacia delante. Y en la cocina española estaba empezando algo nuevo. José iba a estar en primera fila.
Prácticas en elBulli
Entre 1985 y 1988 hizo prácticas en varios restaurantes[1]. Uno de ellos era elBulli, en la Costa Brava[1]. Allí conoció a Ferran Adrià y se convirtió en su discípulo[1].
Para un chaval tan joven, aquello fue una revelación. En elBulli la cocina se pensaba, se probaba y se reinventaba. Nada se daba por hecho. Esa forma de trabajar le marcaría para siempre.
Una amistad de por vida
La relación con Adrià no terminó allí. Décadas después, los dos volvieron a trabajar juntos. En 2019 abrieron en Nueva York Mercado Little Spain, un espacio gastronómico de 3.000 metros cuadrados[1].
También su restaurante más creativo le debe mucho a aquella etapa. Su minibar de Washington, abierto años después, es un laboratorio culinario donde la cena se convierte en una sucesión de pequeños bocados llenos de sorpresa[2].
Lo que se llevó a América
Cuando cruzó el Atlántico, José llevaba en la maleta la técnica de la escuela, la vanguardia de elBulli y el sabor de la cocina tradicional española. Con eso construyó su carrera en Estados Unidos[1].
Allí se convertiría en el gran exportador de la cocina española y en el hombre que enseñó a los estadounidenses qué era una tapa[1]. Pero las bases las había puesto en Barcelona, en aquellos años de aprendiz.
En aquellos años aprendió también algo que no se enseña en clase: el ritmo de una cocina profesional. Las jornadas largas, el orden, la disciplina y la emoción de un servicio que sale bien. Todo eso lo vivió con poco más de quince años, lejos de su casa y en una ciudad nueva.
Barcelona le dio una escuela y elBulli le dio una forma de pensar[1]. Con esas dos herramientas, el joven asturiano estaba listo para buscar su propio camino.
Muchos cocineros pasaron por elBulli. Pocos han llevado sus lecciones tan lejos como José Andrés.
Fuentes
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