Resumen del libro

The Effortless Experience: la facilidad gana a la sorpresa

Un cliente no vuelve porque lo deslumbraste una vez, sino porque nunca le costó esfuerzo que le arreglaran algo cuando salió mal.

de Matthew Dixon, Nick Toman & Rick DeLisi 2013 · Portfolio/Penguin 256 páginas Tiempo de lectura: 9 min de lectura

La mayoría de los libros de hostelería te dicen que deslumbres al cliente. Este, escrito para líderes de call center y de atención al cliente, en cambio hizo las cuentas y encontró algo incómodo: un gesto espectacular tras un error apenas mueve la fidelidad, mientras que un cliente que tiene que pedir dos veces, esperar demasiado o insistir para conseguir una solución se marcha en silencio y se lo cuenta a diez personas. Para un restaurante, cafetería o bar que vive de clientes habituales y del boca a boca, ese hallazgo cambia lo que realmente enseñas a tu equipo a hacer cuando algo sale mal.

La gran idea

Lo que realmente hace volver a un cliente no es cuánto lo deslumbraste una buena noche, sino lo poco que le costó que las cosas se arreglaran una mala; reduce ese esfuerzo y reducirás el número de clientes que dejan de venir en silencio.

Para quién es este libro

Léelo si tú o tu equipo alguna vez atendéis una queja, cambiáis una reserva, gestionáis un reembolso o respondéis a una mala reseña; en otras palabras, si diriges cualquier negocio con contacto directo con el cliente. Los dueños, los jefes de sala y quien atiende el teléfono o responde reseñas son quienes más provecho le sacan. Sáltatelo si buscas inspiración cálida y anecdótica sobre hospitalidad; este libro está basado en datos y escrito para servicios de atención corporativos, así que la traducción a tu propio local tendrás que hacerla tú, aunque este resumen ya ha empezado por ti.

Lecciones clave

  • Un cliente cuyo problema se resolvió a la primera es mucho más fiel que uno al que se agasajó solo después de quejarse dos veces.
  • Lo que a un cliente le parece 'esfuerzo' depende sobre todo de cómo se le dice algo, no de cuánto trabajo costó realmente arreglarlo.
  • Guiar a la gente hacia el camino más fácil, una página de reservas clara, un lenguaje de carta sin jerga, funciona mejor que ofrecerle diez formas de contactarte.
  • El personal que puede resolver un problema pequeño en el momento, sin pedir permiso, genera muchos menos momentos de alto esfuerzo que un guion rígido.
  • Pregunta a los clientes si algo fue fácil, no solo si estaban contentos; esas dos preguntas predicen cosas muy distintas.

Olvida deslumbrar, persigue la facilidad

El libro arranca con una enorme encuesta sobre decenas de miles de interacciones de servicio, que pone a prueba una creencia que casi todo responsable de atención al cliente tiene: que superar las expectativas genera fidelidad. Los datos dicen otra cosa. Los clientes cuyas expectativas simplemente se cumplieron eran, de media, tan fieles como aquellos cuyas expectativas se superaron. Peor aún, la interacción de servicio media resultó hacer a la gente más infiel que fiel, sobre todo porque la mayoría de las empresas solo sabe de un cliente cuando algo ya ha salido mal.

Trasladado a un comedor, el patrón resulta familiar. Un restaurante que envía una botella de vino para disculparse por una mesa lenta se comenta una vez. Un restaurante donde un pedido equivocado simplemente se corrige rápido, sin drama, mantiene al cliente volviendo sin que nadie recuerde después que hubo un problema, y ese es precisamente el objetivo. La investigación muestra que lo que aleja a la gente no es la ausencia de grandes gestos, sino la presencia de fricción: tener que pedir dos veces, esperar al teléfono, o explicar lo mismo a tres personas distintas.

Esto pesa más para un restaurante independiente que para las aerolíneas y bancos sobre los que trata el libro, porque no puedes compensar una mala solución con un gran presupuesto de marketing. Tus habituales deciden si vuelven según cómo se sintió realmente resolver el último pequeño tropiezo, una alergia olvidada, una reserva confundida, un reembolso lento, no según lo amable que fue todo el mundo mientras se alargaba.

Haz evidente el camino fácil, no solo disponible

Una gran parte del libro trata sobre clientes que cambian de canal, prueban primero la web, se rinden y luego llaman, y lo caro y molesto que resulta eso para todos. Lo que sorprendió incluso a los autores es que los clientes no quieren realmente más formas de contactar con una empresa; una lista larga de opciones de contacto solo hace más difícil la decisión. Lo que funciona es guiar a la gente, con claridad y pronto, hacia el único camino que resolverá su problema concreto más rápido.

La versión hostelera de esto es la página de reservas que nadie ha probado nunca con ojos de desconocido, una biografía de Instagram con tres números de teléfono contradictorios, o una página de horarios que no se actualiza desde un festivo de hace dos años. Cada cliente que se rinde con tu web y llama en su lugar ya ha gastado esfuerzo antes de que tu equipo responda siquiera, y llega a la llamada un poco más molesto que si hubiera llamado directamente.

El consejo del libro sobre lenguaje claro en páginas de autoservicio se aplica casi palabra por palabra a las preguntas frecuentes o la confirmación de reserva de un restaurante: elimina la jerga que un equipo de cocina usa entre sí, nombres de platos, códigos de alérgenos, números de mesa, y escribe como piensa realmente su noche un cliente que reserva por primera vez.

Resuelve el problema que el cliente todavía no ha preguntado

Una de las ideas más agudas del libro apunta a un hábito que casi todo equipo de servicio tiene: cerrar una interacción preguntando si eso lo resolvió del todo, y aceptar un esperanzado 'creo que sí'. La investigación muestra que buena parte de los contactos repetidos no viene de un problema original mal gestionado, sino de un problema relacionado que el cliente ni siquiera sabía que debía preguntar, y que descubre más tarde, molesto, preguntándose por qué nadie le avisó.

En un restaurante, este patrón aparece mucho más alrededor de reservas y eventos que de un plato aislado. Un cliente que atrasa su reserva dos horas también necesita saber que la hora límite de última comanda de cocina se mueve con ella. Un cliente al que se reembolsa un evento privado cancelado suele también querer saber, sin que se lo pregunten, qué pasa con su depósito y su fecha preferida la próxima vez. Responde la pregunta que todavía no ha hecho, y eliminas el segundo contacto, precisamente el que de verdad drena la fidelidad y el tiempo de tu equipo.

El truco práctico que describe el libro es sencillo: siéntate veinte minutos con tu equipo y enumera tus cinco situaciones recurrentes más frecuentes, un cambio de reserva, un grupo grande, un cliente sin reserva con alergia, un pedido de reparto confundido, y anota, para cada una, la pregunta de seguimiento que ese cliente casi siempre tiene. Respóndela antes de que pregunte.

Di lo que puedes hacer, no lo que no puedes

El capítulo más útil de forma inmediata pone a prueba algo contraintuitivo: cuando el resultado para el cliente es idéntico, las palabras usadas para comunicarlo cambian cuánto esfuerzo dice sentir la gente, a veces más de la mitad. Reformular un 'no' seco como opción positiva, mostrar apoyo visible hacia el cliente, y comparar un resultado con una alternativa peor, todo eso reduce de forma medible lo duro que parece algo, aunque la solución real no cambie nada.

Un restaurante se topa exactamente con esa bifurcación varias veces por servicio: no hay mesa hasta las nueve, se acabó la última ración de un plato, una reserva no puede moverse a la hora pedida. 'Estamos completos a las ocho' y 'tengo una mesa preciosa a las siete y media, que además te da más tiempo antes de tu espectáculo' no resuelven nada distinto, pero el cliente oye en la segunda frase que se está ocupando de él, en lugar de que lo rechazan.

Esto no trata de ser más amable o sonreír más fuerte por teléfono; la investigación es específica al señalar que la formación clásica en habilidades blandas apenas mueve la aguja por sí sola. Se trata de entrenar un puñado de reformulaciones ensayadas pero naturales para las cinco o seis negativas más frecuentes de tu equipo, para que nadie tenga que improvisar un no bajo presión en pleno servicio.

Da margen al equipo para arreglar, no un guion que seguir

Un gran estudio sobre el desempeño de primera línea en el libro encontró que el rasgo más ligado a manejar bien los momentos difíciles no era el conocimiento del producto ni siquiera la calidez, sino un tipo de resiliencia: mantenerse estable después de una mesa mala para que el siguiente cliente empiece de cero. Lo que hacía aparecer ese rasgo en unos equipos y no en otros no era la contratación, sino si la dirección realmente confiaba en el criterio del personal, o exigía visto bueno para cada pequeña reparación.

Los restaurantes y cafeterías donde un camarero puede regalar un café discretamente, cambiar un plato o ajustar una cuenta en el momento generan muchos menos momentos de alto esfuerzo que aquellos donde cada excepción necesita sacar a un encargado de la sala. El cliente nunca ve la cadena de aprobación; solo experimenta la espera, el 'déjame comprobarlo', y la sensación de ser un expediente en lugar de una persona.

Eso no significa eliminar las reglas; significa elegir un margen pequeño y claro dentro del cual el personal decide solo, y ser transparente con ello como equipo para que se aplique de forma consistente y no al azar.

Pregunta si fue fácil, no solo si están contentos

La métrica propia del libro hace a los clientes una sola pregunta tras una interacción de servicio: ¿cuánto esfuerzo te costó resolver esto? Resulta predecir mucho mejor si alguien vuelve y habla de ti que la pregunta clásica de satisfacción, porque un cliente puede declararse perfectamente satisfecho mientras planea en silencio no volver nunca; las dos sensaciones no son en absoluto lo mismo.

Un restaurante no necesita un sistema de encuestas formal para tomar prestada la idea. Significa fijarse, en reseñas y comentarios informales, no solo en si un cliente estuvo contento con la comida, sino en si resolver un problema, cambiar una reserva o dividir una cuenta pareció un engorro, y leer una reseña tibia tipo 'bien, supongo' con la misma seriedad que una queja de una estrella sobre la comida en sí.

También merece la pena observar tus propios patrones en lugar de una sola media: un puñado de clientes que de verdad lo pasaron mal para conseguir que algo se arreglara te dice mucho más que una puntuación media que los esconde entre todos los que nunca tuvieron un problema.

La fricción que no tiene nada que ver con el servicio

El argumento final del libro es que esta idea va mucho más allá de gestionar quejas: los comercios que ganan fidelidad lo hacen eliminando fricción al mirar, decidir y pagar, mucho antes de que nadie necesite ayuda con un problema. Una elección más simple, presentada con claridad, gana siempre a una lista más larga de opciones, ya sea una tarifa de móvil o una carta de cena.

Para un restaurante eso significa mirar más allá de los momentos de servicio: una carta de vinos tan larga que nadie puede decidir, un menú escrito como un ensayo, un datáfono que solo funciona en una caja, una cuenta que tarda veinte minutos en llegar porque el personal está desbordado en el cambio de turno. Nada de eso es una 'queja', pero todo es esfuerzo que el cliente se lleva a casa.

La solución rara vez es cara. Una carta de vinos más corta y mejor organizada, descripciones de platos claras, una segunda forma de pagar en horas punta, y el hábito de traer la cuenta sin que haya que reclamarla, todo eso cuesta atención, no dinero, y elimina la fricción antes de que llegue a convertirse en una queja de la que tengas que recuperarte.

Ponlo en práctica

  1. Repasa tus últimas diez quejas reales y comprueba cuántas necesitaron un segundo contacto antes de resolverse de verdad, corrige ese patrón primero.
  2. Haz que alguien que no conoce tu restaurante intente reservar una mesa con una necesidad alimentaria usando solo tu web o redes sociales, y cronometra cuánto tarda.
  3. Para tus tres solicitudes de cliente más frecuentes, anota la pregunta de seguimiento que los clientes suelen hacer después, e incorpora la respuesta en la primera reacción.
  4. Redacta cinco alternativas con el mismo resultado y orientadas hacia adelante a las formas más frecuentes en que tu equipo dice que no, y ensáyalas en un briefing.
  5. Relaja una pequeña norma de aprobación, una bebida gratis, un descuento menor, para que el personal pueda resolverlo solo sin llamar a un encargado.

Dónde se queda corto el libro

El libro se escribió para call centers con equipos de ciencia de datos, sistemas de respuesta de voz interactiva y miles de agentes, y se nota: varios capítulos se apoyan en maquinaria de encuestas y herramientas de análisis de canales que ningún restaurante independiente construirá jamás, y algunas referencias tecnológicas, menús de respuesta de voz, una visión del autoservicio de 2012, han envejecido. El hallazgo psicológico central sobre esfuerzo y fidelidad no ha envejecido en absoluto, pero traducir las métricas de call center a tu propio comedor te toca a ti, precisamente lo que este resumen y sus secciones intentan ahorrarte.

Nuestro veredicto

Merece la pena leerlo si tú o alguien de tu equipo gestiona quejas, reservas o reseñas; cambiará cómo piensas sobre una mala noche mucho más que otro libro sobre deslumbrar a los clientes, aunque tendrás que traducir tú mismo del call center al comedor.

Preguntas frecuentes

¿De qué trata The Effortless Experience, en una frase?

Sostiene, con una investigación a gran escala, que reducir el esfuerzo que un cliente debe poner cuando algo sale mal genera mucha más fidelidad que intentar deslumbrarlo.

¿Este libro solo sirve para call centers, o aplica a un restaurante?

Se escribió para equipos de atención corporativos, pero el hallazgo central, que el esfuerzo genera más infidelidad que la fidelidad que genera deslumbrar, se traslada directamente a gestionar quejas, reservas y reembolsos en un restaurante.

¿Cuál es la idea más importante que llevarse de él?

Resuelve el problema en el que el cliente aún no ha pensado, para que nunca tenga que contactarte una segunda vez; el contacto repetido fue, según la investigación, el mayor motor de pérdida de fidelidad.

¿En qué se diferencia esto de simplemente formar al personal para ser más amable?

La investigación encontró específicamente que la simpatía clásica y la formación en habilidades blandas apenas reducen el esfuerzo que dice sentir el cliente; lo que funciona es cambiar las palabras usadas para comunicar el mismo resultado y dar margen al personal para resolver realmente las cosas.

Esta es nuestra propia lectura del libro, no un sustituto. Compra el libro en tu librería de siempre.

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