Orígenes
Un chico de L'Hospitalet que empezó fregando platos
En resumen
Ferran Adrià nace en 1962 en L'Hospitalet de Llobregat. Quiere estudiar administración, pero un trabajo de verano en una cocina y la mili en la Marina le cambian el rumbo.
La historia del cocinero más famoso de España no empieza en una gran cocina. Empieza en L'Hospitalet de Llobregat, junto a Barcelona, donde Ferran Adrià nació el 14 de mayo de 1962[1]. Nada hacía pensar que aquel chico acabaría cambiando la forma de comer en medio mundo.
De adolescente, la cocina no era su plan. En 1977 se matriculó en el Instituto Politécnico de la Merced para hacer estudios administrativos[1]. Era un camino seguro, de oficina, lejos de los fogones.
El primer trabajo: fregar platos
En 1980 llegó el primer empleo en una cocina, y no fue glamuroso. Adrià entró como friegaplatos en el Hotel Playafels[1]. Allí vio por primera vez el ritmo de una brigada: el ruido, las prisas y el orden que hace falta para servir a mucha gente a la vez.
Fue un comienzo humilde. Pero fue el primer paso de un camino que ya no abandonaría: el de la cocina.
La mili en la cocina del almirante
Entre 1982 y 1983 hizo el servicio militar en la Marina. Le tocó el equipo de cocina del almirante, y fue allí donde por primera vez se puso al frente de una cocina[1]. Mandar y organizar eran cosas nuevas para un chaval de veinte años.
Mientras tanto, empezaba a sonar el nombre de un restaurante escondido en una cala de la Costa Brava: elBulli, en Cala Montjoi, Roses. Su historia era curiosa: había nacido en los años sesenta como un minigolf con chiringuito y ya se había convertido en un restaurante de prestigio[2].
Un mes de prácticas que lo cambió todo
En el verano de 1983, Adrià fue a elBulli para hacer un mes de prácticas. El restaurante ya tenía entonces dos estrellas Michelin[3]. Aquel joven que había empezado fregando platos se encontraba de golpe en una de las mejores casas del país.
El mes pasó rápido, pero dejó huella en los dos sentidos. Al año siguiente volvería para quedarse[1]. Y ese regreso sería el principio de una historia que llevaría el nombre de una pequeña cala catalana a las listas de los mejores restaurantes del mundo.
Mirando atrás, el camino tiene algo de lección. Adrià no salió de una gran escuela ni de una familia de cocineros. Salió de un hotel de costa, de la cocina de un barco y de muchas horas de trabajo. Lo demás lo puso su curiosidad, que nunca dejó de crecer.
Fuentes
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