En este artículo
Una agencia web local, tu proveedor de TPV o un asesor de franquicias hace tarde o temprano la misma pregunta: ¿quieres tu propia app? La respuesta que recibes es casi siempre emocional — "estate donde está tu cliente" — y casi nunca está calculada sobre el papel. Este artículo sí lo calcula, con las cifras que la propia industria de las apps publica.
Una app nativa suena como el siguiente paso lógico tras tu página web: tu cliente ya pide desde una pantalla, ¿por qué no desde un icono en su móvil? La idea no es el problema. Lo que pasa después, sí — y esa parte casi nunca la menciona quien te vende la app.
La industria de las apps móviles lleva diez años midiendo exactamente qué pasa con una instalación: cuánta gente la abre, cuántos siguen ahí después de un mes, cuántos vuelven después de tres. Esas cifras son sólidas, públicas y notablemente constantes — y casi nunca se aplican a un único negocio de hostelería.
Este artículo lo hace, en cuatro cifras: lo que realmente cuesta construir una app y mantenerla, qué parte de tus propios clientes la instala de verdad, cuántos de ellos la abren aún a los 30 y 90 días, y — la pregunta que de verdad importa — cuántas visitas extra hacen falta antes de que se amortice. Al final, introduce tus propias cifras en una calculadora que usa exactamente las mismas cuentas que el resto del artículo.
La conclusión no es ni "nunca" ni "siempre". Para un negocio independiente con un solo local, la respuesta es casi siempre que no — las cifras de abajo muestran exactamente por qué. Para un grupo con varios locales o un concepto centrado en el reparto con volumen real de pedidos repetidos, las mismas cuentas pueden salir bien. La diferencia no está en la ambición, está en la escala.
La guía definitiva Tecnología De Restaurantes: 6 Pasos De 7 Herramientas a 1 Sistema De un TPV suelto a un sistema integrado: la guía completa para elegir tecnología que de verdad rinde. Abrir la guía1. Lo que cuesta construir una app — y seguir pagándola
Un presupuesto para una app "sencilla" de pedidos y fidelización para un solo local oscila, en agencias especializadas, entre unos 8.000 € y 25.000 €, según cuánto de tu sistema actual haya que integrar. Si se añaden reservas, seguimiento del reparto o un programa de fidelización más completo, sube rápido hacia los 40.000 € a 80.000 € — y ahí es donde empieza la factura, no donde acaba. Compáralo honestamente con lo que ya tienes en tu lista de suscripciones de software: una app rara vez es el primer coste que quieres añadir.
Por encima del coste de desarrollo hay dos costes recurrentes que ningún presupuesto pone por delante. Apple cobra unos 92 € al año por una cuenta de desarrollador, sin la cual ninguna app de iOS llega a publicarse — deja de pagar un año y tu app desaparece de la App Store, por muchos clientes que ya la usen. Google cobra 23 € una sola vez por una cuenta de Play Console. Cantidad pequeña, pero es la primera de muchas: cada actualización importante de iOS o Android obliga a una nueva revisión, y una app que lleva dos años sin actualizarse acaba rechazada o simplemente ilocalizable en la tienda.
Hay dos vías más baratas, y ambas merecen una mención honesta antes de seguir leyendo. Una progressive web app (PWA) — "añadir a pantalla de inicio" directamente desde tu web actual — cuesta una fracción de una app nativa, porque no hay revisión de la App Store, ni dos bases de código separadas, ni factura anual de Apple de por medio. Y si el sistema de reservas o de pedidos que ya usas incluye una app como función propia, su coste marginal es cero: ya la estás pagando, la uses o no.
Cuenta lo evidente: 80 € al año para Apple, 20 € de una sola vez para Google — antes de escribir una sola línea de código, y sin ninguna garantía de que un solo cliente la abra nunca.
2. Cuántos de tus clientes la instalan de verdad
Pregúntale a una agencia de apps la tasa de instalación y la respuesta se queda en lo vago: "depende". Pregúntale a las plataformas de fidelización que construyen apps independientes para restaurantes sus propias cifras, y la respuesta es más concreta — pero es una cifra con una letra pequeña. Los proveedores de apps de fidelización suelen reportar una tasa de instalación del 10 al 20 %, y ese porcentaje se mide sobre sus mejores clientes: gente que ya es habitual. Es la misma trampa que con los quioscos de autopedido: tecnología atractiva que solo rinde para una franja muy concreta de tus clientes.
Ese es el problema. Ese 10 al 20 % no es un porcentaje de todos tus clientes, es un porcentaje de tus habituales — y los habituales ya son de por sí una minoría. Los estudios sobre restauración sitúan de forma consistente en torno al 70-77 % la proporción de clientes que nunca vuelven, y atribuyen entre un 65 y un 80 % de la facturación a los clientes que sí repiten. Dicho de otro modo: el grupo que siquiera es candidato a instalar una app es ya solo una quinta parte a un cuarto de toda tu base de clientes.
Suma ambas cifras, y el porcentaje de TODA tu base de clientes que instala la app baja a apenas unos pocos puntos porcentuales — no al diez, y mucho menos al veinte. Sobre mil clientes son unos doscientos veinte habituales, de los cuales aproximadamente uno de cada siete instala la app: treinta y tres personas. Ese es el punto de partida realista, no la cifra optimista del presupuesto.
Sobre 1.000 clientes, con las proporciones de arriba. Cada barra es una parte del paso anterior.
Son cifras orientativas, no una ley: un negocio con clientes de reparto realmente fieles logra un porcentaje de habituales más alto; uno con mucho turismo, más bajo. El patrón — un embudo pronunciado de cliente a instalación y a uso activo — se repite en casi todos los estudios.
3. Quién sigue abriendo la app a los 30 y 90 días
Una instalación no es un usuario. La industria de las apps móviles lleva años midiéndolo mediante curvas de cohortes — cuánta gente de la que instaló el día cero vuelve más tarde — y el patrón es notablemente constante, sea cual sea la categoría de app. Business of Apps y Adjust reportaron para 2026 una retención media al día 1 de alrededor del 25 %: de todos los que instalan, aproximadamente uno de cada cuatro llega a abrir la app una segunda vez.
A partir de ahí, la caída se acelera. Las mismas fuentes sitúan la retención media al día 30 entre el 5 y el 7 %, y para entonces más del 90 % de todos los usuarios ya han abandonado la app. Para el día 90 — el momento en que un descuento por segunda visita debería empezar a rendir de verdad — la retención en la mayoría de categorías se mueve entre el 3 y el 5 %. No es la mala suerte de un desarrollador descuidado; es la media entre miles de apps en decenas de categorías.
Trasladado a las treinta y tres instalaciones de la cifra anterior, tres meses después queda aproximadamente un usuario activo. No uno de cada treinta y tres por ciento — una persona. Esa es la realidad detrás de "construimos una app para que los clientes vuelvan": la probabilidad de que un cliente cualquiera la siga abriendo el día 90 ronda uno entre mil.
4. Cuántas visitas extra hacen falta para no perder dinero
Una app solo se amortiza si un usuario activo viene con más frecuencia de la que habría venido sin ella — no más que la media, más de lo que de todos modos habría venido. Esa diferencia no existe en ningún estándar publicado del sector: ningún informe te dice cuántas visitas extra genera de verdad un usuario de la app, porque varía según el negocio, el concepto y la oferta.
Lo que sí sabemos, lo ponemos frente a frente. Coge el coste de desarrollo, divídelo entre tu gasto medio por visita, y obtienes el número total de visitas extra que la app debe generar para amortizarse. Divide eso de nuevo entre el número de usuarios activos que quedan a los 90 días, y queda claro cuántas visitas extra al mes tendría que hacer cada usuario restante — una cifra que, para un negocio normal, resulta del todo irreal.
Para un negocio independiente de tamaño medio, el plazo de amortización se alarga a décadas. No porque la app no valga nada, sino porque el número de personas que la siguen usando para el día 90 es demasiado pequeño para sostener un coste de desarrollo de varios miles de euros — incluso si cada usuario restante resultara improbablemente fiel.
Mismo negocio, mismas tasas de instalación y retención, tres formas de tener una app.
La barra de la PWA asume las mismas tasas de instalación y retención que la app nativa — solo cambia el coste de desarrollo. En la práctica, el umbral para pulsar "añadir a pantalla de inicio" es más bajo que descargar de una tienda de apps, así que esto es más un suelo de lo rápido que se amortiza una PWA que un techo.
Calcúlalo para tu propio negocio
Las cifras de arriba son medias. Introduce tu propia base de clientes, gasto y presupuesto — todo se calcula localmente en tu navegador.
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La cifra "visitas extra al mes gracias a la app" es la única suposición aquí sin fuente publicada — introdúcela con cautela mejor que con optimismo. Todo se calcula localmente en tu navegador; no se envía ni se guarda nada.
Cuándo sí salen las cuentas
La cuenta de arriba está escrita para el negocio que gestiona la mayoría de quienes leen este artículo: un local, unos pocos miles de clientes, un presupuesto de varias decenas de miles de euros. Cambia esa escala y la conclusión puede darse la vuelta — no porque cambie la curva de retención, sino porque el coste de desarrollo no se multiplica por local, mientras que la base de clientes sí.
Toma un concepto centrado en el reparto con varios locales y una base de clientes combinada de unas 50.000 personas, con más frecuencia de pedido y un mayor porcentaje de habituales que el negocio de restauración medio — realista para un negocio que reparte a diario en lugar de acoger clientes de forma ocasional. Misma app, mismo presupuesto de unos 42.500 €, pero repartido ahora sobre una base de usuarios activos mucho mayor.
Con hipótesis de instalación y retención igual de prudentes, esa app se amortiza en unos 10 meses — en lugar de décadas. La diferencia no está en la app, está en el denominador: a esa escala quedan suficientes usuarios activos para sostener el coste de desarrollo; en un solo negocio independiente, no.
Qué hacer antes de firmar
Firmar un presupuesto cuesta una firma. Estos tres pasos cuestan una hora, y deciden si esa firma ahorra dinero o lo cuesta.
Antes de pedir un presupuesto
- Cuenta cuántos de tus clientes son de verdad habituales — gente que vuelve al menos una vez al mes. Esa cifra, no toda tu base de clientes, es sobre lo que realmente se construye una app.
- Hazte una sola pregunta: ¿qué hace la app que no pueda hacer una lista de difusión de WhatsApp, una tarjeta de fidelización gratuita o un marcador en la pantalla de inicio? Si la respuesta honesta es "nada concreto", la app es una forma cara de hacer lo mismo.
- Abre la calculadora de arriba con tus propias cifras antes de hablar con una agencia — así sabrás qué respuesta te tiene que dar un presupuesto, y no al revés.
Si aun así la construyes
- Empieza con una PWA, no con una app nativa. Si a los seis meses se está usando de verdad, tienes pruebas antes de hacer la inversión diez veces mayor.
- Pon desde el primer día una ventaja concreta en la app que no exista en ningún otro sitio — una tarjeta de sellos que solo suma ahí, un plato que solo se ve antes ahí. Sin un motivo para mantenerla abierta, la curva de cohortes de arriba se repite exactamente igual.
- Reserva del 15 al 20 % del coste de desarrollo al año para mantenimiento y actualizaciones de las tiendas de apps — eso no es un extra, es el precio de seguir en línea.
La vía más barata
- Comprueba primero si el sistema de reservas o de pedidos que ya usas — o te planteas usar — ofrece ya una app como función, junto con la otra automatización que ya te aporta. Entonces el coste marginal es cero.
- Compara honestamente esa vía gratuita con el presupuesto: las mismas notificaciones push, la misma integración de fidelización, sin una factura de Apple aparte.
- Lee qué ofrece de verdad una app así integrada en la página del producto de nuestra propia app — la misma pregunta, sin la agencia de por medio.
Ni un no, ni un sí — una cuenta
Casi todo hostelero que lee este artículo reconoce la sensación de que una app forma parte de "un negocio moderno". Esa sensación no está equivocada — simplemente no es un modelo financiero. Las cuatro cifras de arriba muestran qué pasa entre el presupuesto y el primer cierre anual: un embudo pronunciado de cliente a instalación y a uso activo, y un coste de desarrollo que hay que repartir entre demasiados pocos usuarios que quedan.
Para un negocio independiente de tamaño medio, la respuesta es casi siempre: ahora no, no en nativo, no a ese precio. No es un juicio sobre la ambición — es lo que predicen las curvas de cohortes de toda la industria de las apps, aplicadas a un solo negocio de hostelería en lugar de a un público masivo.
Lo que sí funciona es el mismo instinto — estar más cerca del cliente — sin el coste de desarrollo, la factura de las tiendas y la obligación de actualización anual. Nuestra propia app es exactamente esa vía: la misma función, dentro de un sistema que ya usas, sin una segunda factura de agencia.